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Full text of "Opalos"

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Herrera y Reissig, Julio 
Ópalos 



l\Júm. A. 




A LOS 


LECTORES 


AMADO ÑERVO 







pa 
en 






bondaí 



c x«>* ►'Afta 

'tth\ Mt 




•^yBRARy 

SEP '¿9 V969 






JULIO HERRERA Y REISSIG 



Poeta de excepción lo llamó Rubén Dorio. Hijo de Boudet 

v hermano de l'erlaine en .huerica, dijeron otros; /vr<> difícil 
es encontrarle parentesco al autor de LOS PEREGRIh 
DE PIEDRA, que es sobre todas ¡as cosas un extravagante, un 
raro, un mu un artista, 

En una magnífica página autobiográfica. (]ue durante mut 
años permaneció inédita, el poda mismo se definía ■ ido: 

'Mis glorias literarias podrán no ser muchas, pero son legítimas 
como ¡os títulos del Emperad Sahara. AferHn, el 

sobrehumano, nací sin que naciera su madre... y ni tuze papá 
(cosa extraña), ni padrino, ni traje de fiesta en el baui 
yo oficié de cura, sacristán y monaguillo... 

Efectivamente, Julio Herrera y Raissig que nació a la vida 
literaria el año iSí)4 en un ambiente indiferente a las man. 
¡aciones del arte. ju> tuVO padrinos . . . fot sus 

fuerzas y sobre su propia i 

Pesde la celebérrima "Torre de los l'anoranuis" émula de las 
Torres de Babel, de Babilonia, de Alejandría, de Pisa, de 
liiffel"... que fundó allá por el año mil n 
enviaba a las revistas sud-americanas sus inmortales 
que eran transcriptos en las más importantes publí, 
tinas de íwtropa y traducidos al francés y al italiano, más tarde 
Sin embargo <¡ pesar de los lauros que le conquistaron 
níficas ft r, de la admiración que le m 

nombres de letras de América y (/(• l.uropa. de su I 
gran poeta en todas partes y de tu ilustre apellido. AY. 



salió nunca de pobre y escribía desde la misma "Torre" con 
un dejo irónico lleno de amargura: "Aún no he hecho camino... 
no soy diputado, y ni siquiera cónsul. . . vivo en plena lujosa 
miseria comiéndome los títulos aristocráticos" .. . Pero el poeta, 
con la visión de un lejano risueño, justificaba en seguida, re- 
pitiendo la sentencia llena de verdad y sabiduría: ¡Nadie es 
profeta en su tierra! Hoy mismo en su país natal los aniversa- 
rios de su muerte pasan en un silencio que desconsuela. Sus 
libros siguen permaneciendo inéditos, la mayor parte de sus 
prosas siguen siendo desconocidas. 

¿Hasta cuando? Creemos que hasta mañana, no más. La 
amantísima viuda del poeta así nos lo anuncia. ¿De dónde 
vendrá la obra? De Montevideo? de Buenos Aires? Creemos 
que de aquí. Entre nosotros Julio Herrera y Reissig cuenta con 
muchos adniiradore^ 

Fué aquí en Buenos Aires donde hizo conocer el poeta por 
primera vez la mayoría de sus inmortales sonetos. Fué en Bue- 
nos Aires donde encontró esos "raros amigas de buen gusto" 
para quienes vivía y escribía muriendo. . . 

Presentimos ya la amable acogida que harán nuestros lectores 
de Buenos Aires y Montevideo a este cuaderno, dedicado a 
ofrecer un haz de prosas que podríamos ñamar inéditas por lo 
ignoradas. Prosas que debieron formar parte de un libro que 
el poeta nos anunció en vida y que no llegó a publicarse. 

A los raros amigos de buen gusto, a nuestros amables lectores 
confiamos, pues el oro de lus palabras de estas páginas descono- 
cidas y llenas de una fragancia exótica que por momentos nos 
hace soñar en el Oriente de Ornar y del Kabir. 



ÓPALOS 



¡Vivid para amar! (Amad pon vivir.' 



r T % enéis sed:... Hay ana roca en qu< golpear 

' ron una vara mágica. Agua de vida eterna brotará 

sobre la arena triste. E] corazón es esa roca. Y el amor 

es esa vara. 

( tolpead . . . No moriréis ! . . . 



* 
* • 



El amor es una verdad qne supera a indas las fan- 
tasías. Bs I" más transparente y l<> más obscuro, 
lo más Benciilo y lo más misterioso!... |Oh, los ci< 
de amor! Son los añicos que ven el cielo! .. . 



* • 



f 1 i\id en un perpetuo ensueño! Se ahí la más sublime 
V realidad. Embriagaos de amor. Dormid!... 
despertéis sino para morir ! . . 



104 EDICIONES SELECTAS AMERICA 

Qué horrible oscuridad ! 
— ■ Pero, si es de día. 

— Qué frío intenso ! 

— Nos encontramos en Primavera. ¿ Cuánto hace que 
estáis así? 

— Una eternidad ! No la veo desde anoche ! . . . 



# 
# * 



Abre los ojos ! Ya ha salido el sol. Mira el reloj ! 
No pierdas tiempo ! . . . 
— ■ Estoy ciego. No hay más sol que sus pupilas. Ni 
¿nás tiempo que el que me separa de ella. No hay más 
reloj que mi corazón : se halla parado en la muerte ! . . . 



* 
* * 



Hay en sus ojos sonámbulos una Esfinge que interro- 
ga, un espectro que duda, un hada que suspira, un 
Cupido que sorprende. ¡ Huid ! . . . ¡ Acercaos ! . . . Qué es 
más temible, su risa o su llanto?. . . No lo sé ! Si ríe tiene 
la franqueza de la casualidad. Si llora la virtud de los 
elementos. ¿Tembláis? 

— Es buena. Ella ignora el daño que hace. Si os 
atrevéis, amadla! §i ella no os ama, estáis perdidos!. . . 



# 

* * 



Y 



amo . . . Yo muero ! 
Yo adoro... Yo no moriré!. 



<>i'.\ 105 

r\ b amor, niño poeta, Legislador taumaturgo, alqui- 
^-^ mista caprichoso de la naturaleza! Tu juguete es 

el corazón. Tu poema es la vida. Tu vuelves a los tira- 
nos esclavos, a Los poderos, s mendigos, a Los genios 
idiotas, a los simples iluminados. Los siglos lloran por 
T u> caprichos. Los astp.s firman tu» juramentos. Tu 
creas un infinito de la nada. Tu desvaneces un universo 
en un suspiro. Tu silencio habla más que todas Las Len- 
guas. V tus puntos suspensivos Llegan hasta Dios. Tus 
Leyes son gracias. Tus BÚplicas son decretos. Tu haces 
de una mirada una literatura, de ana Lágrima un oc 
no. de un beso una ascensión a! s.»i. de una tumba un 
hecho para la. eternidad ! . . . 



* 
* * 



H 



ay algo más golo y más Lúgubre que una sepultura 

un alma «pie 110 puede amar ! . . . 



* 
• * 



La vida tiene una cumbre : el amor. 
El amor tiene una cumbre : Dios. 

Subid, mil-ando para arriba ! . . . 



• * 



Amad v s.-ivis superiores a vosotros nn^ v El amor 
H* un milagro del hombre que n;ir '' *1 nombre 
Dios v a Dios un corazón ! . . . 



IOÓ EDICIONES SELECTAS AMERICA 







h amor, divina pena, gloriosa locura ! De tu herida 
brota, una. aurora. 
Yo amo la noche estrellada de lágrimas!... 



C 



reced en entendimiento. 
Multiplicaos en corazón ! 



# # 



n* 1 cuerpo crece poco a poco, como las plantas. He 
•^ aquí la naturaleza. El alma crece de repente, 

apenas ama. He aquí el milagro. Es como la luz solar. 

Crecimiento que cuando se percibe, ya ha cruzado el 

cielo ! . . . 






Amar es sufrir por exceso de dicha 
Amar es vivir por exceso de espíritu.; 
Amar es morir por exceso de vida.* 
Amar es ver a Dios con los ojos cerrados!. 



■-.--■ » 



Y 



o pienso: Luego existo (Platón). 
Yo amo: luego existo. Luego he existido. Luego 



1 1 ré ! 



ioj 

p\ejad que sople el viento, qui deas, que 

^ en el torbellino de la tragedia humana se confun- 
dan los éxitos y las miserias, que el tiempo espi 
cu lo que siembra el hombre. . . Tan ><>l<» hay un obje- 
tivo que es a la vez que la vida misma, un más allá .1.' 
la vida.. . Tan solo hay una sombra-luz y una verdad- 
mentira, "unidad duple", deslumbrante, inmensa, que 
comunica con la eternidad y fuera de la cual está «'1 
vacío... Vivid para ella. Morid por fila! oh amor!... 
vi» tiemblo!... Tú eres un latido de I)i»»s en mi corazón. 



* 
* * 



Te acuerdas!... Tú me mirabas. Y<> casi n<> te 

' veía... ESI cielo oos protegía. La tierra oo€ 
raba!... Crecimos, de repente. El divino azul fué n 
tro. Y suspendí de tu collar de virgen, la primera estre- 
lla de aquel crepúsculo de amor. ¡Oh, qué instante, oh, 
que gloria! Para ser Dios yo tenía: en tuí infi- 

nito y en mi corazón la eternida 



* 
• ■ 



fyiorirf... Bien poca cosí Se abre la tierra. Lloi 
' ' los hombres. La tumba calla. 
Amarf. . Hecho Lnfinit - abre el cielo 

astros. I>!«^ habla. 



IOS EDICIONES SELECTAS AMERICA 

Que hacéis alquimista, con esas lágrimas y ese fue- 
go?... 

— Oro para la eternidad, diamantes para la dicha! 

— Quién sois ? . . . 

— Me llaman brujo. 

— En qué pensáis, matemático, contemplando esos 
dos corazones ? . . . 

— En que dos son "uno'' y en que uno hace "todo"! 

— Cómo os llamáis?. . . 
— -Loco, me llaman. 

— Qué pulís orfebre, con tanto afán y siendo ciego ? 

— Un espejo finito en que se refleja un Dios infinito 
y una inmortalidad estrellada. Pulo tu alma! 

— • Cómo os llamáis? . . . 

— ■ Soy el Amor. 

Golpead en las puertas de la poesía ! 

— Os abrirán las musas. 
Golpead en las de la Ilusión ! 

— Las hadas os abrirán. 
Golpead en las de la fama! 

— ■ Los hombres os saldrán al paso. 
En las de la Gloriosa Inmortalidad ! 

— Veréis brillar los astros inauditos. 
Golpead risueño en las de la virtud ! 

— Acudirán los ángeles cantando. 



Llamad de rodillas en las alas del amor! 
— Dios mismo es quien os abrirá! 



# * 



OPA : 

M ieva . . . nieva... nieva!... que horrible es el in- 

*^ vierno de las almas:... 

Dios mío, enciende el sol «!»■ nuestros corazones! Abrí- 
ganos, oh amor !. . . 



# 
■ ■ 



F) or qué estáis triste 1 No lo sé. Qué sientesi — 

I Nada. Te duele algot Nada me duele... y sin 

embargo me muero. 

— Hazte una herida en el corazón y vivirás!... 



* # 



| | na sola mirada bastó para dar vida a mi alma y 
^ una sola palabra bastó también para dar mué 
a mi corazón. 



• t 



Que nuestro amor tenga la pureza y la veracidad 
de la luz. El falso amor es un sacrilegio que , * ,,n - 
duce al crimen: ¡dime como amas j te diré quién eres! 






110 EDICIONES SELECTAS AMERICA 

Empezar siempre a vivir. Asombrarse y saber asom- 
brar. Tal es el ideal del Arte y tal es el del 

Amor. Renovación constante de la vida por las emo- 
ciones, siempre distintas. Ingenua novedad del ser. Re- 
surrección de cosas ignoradas. Que el niño de adentro 
siempre sonría. Qne siempre veamos desplegarse una 
nueva aurora en el dintel de un nuevo día! El amor 
es un recurso del Arte para rejuvenecerse eternamente. 



U* 1 amor qne es una luz es también un embellecedor. 

*— ' Hace la sonrisa más bella que la boca, el andar 
más rítmico que el cuerpo, el gesto más dulce que la 
palabra, la mirada más expresiva que los ojos. Amad 
si queréis ser bellas, o más bellas aún de lo que sois. 






í 1 eis esa lágrima de amor? La inmensidad le dio 
V vida. Subió de los abismos del corazón a los abis- 
mos del pensamiento, y cuajó al fin en sus divinos ojos. 
"Semejante a la fina gota de agua que cae de Ja nube 
y que ha tenido necesidad para formarse de todas las 
profundidades del cielo y del océano." 
¡Qué cosa inmensa es llorar! 






1 1 1 



/*\ f uscación, estupidez, llantos inmotivados, carcaja- 
^ das locas, infantilidad, supersticiones, miedos, ac- 

le ira. 
; Locura ! dicen 1<>> hombí 

.Primavera! cantan los angeles! 



* 

.= § 



[pérdida del apetito, pérdida del sueño, pérdida de 
* la voluntad. palidez, extenuación, fiebre fulminan- 
te, enfriamiento súbito, temblores de agonía, Budores 
helados, delirio, en fin ! . . . 

la muerte ! dice el médico. 

; Efi la vida ! canta »-l Anmr. 



* * 



La demasiada dicha mata eomo «■] gran dolor. Morir 
por exceso de vida... Es una ley divina... 
Dadme oxígeno de amor y moriré cantando «-«mío un 
pájaro ! 






112 EDICIONES SELECTAS AMERICA 

p\ esvaneceos o suprimios, si queréis ser felices. Todo 
*^ es cuestión de desaparecer : por la Muerte o por el 

Amor . Para llegar a la dicha suprema hay que morir 

de alguna manera. Morir físicamente o morir de amor. 
Sabed elegir el camino más bello, ciegos Tobías del 

corazón, y aceptad por guía en vez de un arcángel . . . 

una mujer! 






k 1 o desmayéis, subid ! Es la montaña del Ideal. Mo- 
■ * rir entre las nubes, cerca del cielo, allá en las 
alturas blancas del amor puro, es casi un milagro . . . 
Como a Moisés, os será dado contemplar desde la cum- 
bre de vuestro espíritu, la Tierra Prometida. 
Subid. No desmayéis ! 






Delante de ella va el sol. A su espalda se hace la 
noche. Bajo su pie la tierra se inclina. La circunda 
un ramo de astros. Lleva una flecha en su corazón. 
Y en su mano, como Judith, la cabeza del mundo ! 



# 



Quién llama? — Un pobre ciego de amor. — ¿Qué 
pedís? — Un corazón. — No tengo mas que uno, 
hermano. — Dádmelo, que el cielo en premio os dará 
dos! 



(«PALOS II.? 

I lehículos. — El viento es más Ligero que el pájaro. 
V El sonido es máa Ligero que el viento. La elec- 
tricidad es más veloz que el sonido. La luz es más rápida 

que la electricidad y el Amor es todavía más rápido 
que la luz. porque es un rayo del Más allá! 



* 
* * 



C*l amor es hermano del odio, amigo de la melancolía 

^ y ahijado de la muerte! No inquiráis de donde 
viene, pero temed por donde va... que se pierde con 
!a misma facilidad que un niño! 



* * 



He aquí lo que representa el Triángulo simbólico de 
la Trinidad celeste: el Padre, la fuerza: el Hijo, 
el Amor, y el Espíritu Santo, la Sabiduría. Deidad uni- 
jima. sublime Trilogía armónica que Beñorea tam- 
bién los destinos de la Humanidad, cuyo trono es la 
Belleza y cuyo cielo es la Mujer! 



* * 



El corazón se detiene. Se hace la noche: ¡La muerte: 
El corazón se precipita. Se hace la aurora: [El 

amor ! 






IIJ. EPR'HiXKS SELECTAS AMKRICA 



T a conciencia del hombre es un áspero kaleidoscopio 
■*-* de realidades obscuras. Volver a la inocencia. 
¿Amar? En eso estriba la felicidad. El amor es una 
linterna mágica .con vistas del Paraíso, que un ángel 
muda en nuestro pensamiento. Sed niños por segunda 
vez. Retroceded en la vida. La ciencia es un progreso, 
que marcha hacia adelante. La dicha es una regresión, 
un divino salto atrás. — No blasfeméis del Mal que es 
a menudo una forma del Bien. Renegar del Amor con 
ciertos filósofos a la moda, en vista de las torturas que 
determina, es como renegar del Sol, — padre de la fe- 
cundidad, — porque produce insolaciones, secas, mos- 
cas, en fin... Mirad el fondo de las cosas. Buscad la 
causa de la causa y el fenómeno del fenómeno. Tomemos 
los elementos de la .Naturaleza: ¿Cuál es su objetivo? 
— El Bien, la Vida. — ¿Cuál suele ser su modo? — El 
Mal, la Muerte. 






• U-ALOS III 



CT 1 Amor es un elemento del alma colectiva, un vio- 
*^ Lento estimulante sociológico, un generador diná- 
mico de fuerza emocional, un alto creador de Arte, un 
removedor «'Temo de poesia, más viviente que la misma 
Vida, porque ea superior a toda conciencia, bis ,,.,1- 10 
tanto fatal, irresponsable, <le una ciega fuerza <le obrar. 
Ahora bien : maldecir, por asperezas accidentales, «le 
esa divina entidad que constituye el fondo del pr 
de las ideas y «!«■ Las emociones, equivale a renegar de 
los demás elementos que establecen «mi sí la vida del 
mundo. Desdeñando "snobismos" y posturas superfi- 
ciales de falsa educación introspectiva, alabemos ai 
Amor, que es para la Belleza lo que el Sol es para la 
Vida. Tal como Los griegos le divinizaron en un solo 
culto con mis hermanos: el fuego, el océano y «-l hu- 
racán, erijamos un templo suntuoso en nuestras almas 
¡1 ese Bublime vitalizador «pie. como el aire, destruye y 
vigoriza; como el fuego, consume y depura, como el 
anua, sobrepuja y revive. . . Lauros para la Naturaleza ' 
Estrellas para el Amor! 



* * 



Il6 EDICIONES SELECTAS AMERICA 

'T* cuernos dos caracteres en la Vida : el que nos da la 
Naturaleza y el que el Amor nos determina. He 
aquí porque se vé, de pronto, a los taciturnos volverse 
comunicativos; a los locuaces melancólicos; a los tími- 
dos audaces; a los activos decadentes; según es la 
mujer que amamos; el pro o el contra que se nos de- 
para, y las circunstancias que envuelven la primer 
aventura seria de nuestro espíritu. 

La mujer juega respecto al hombre mi rol de segunda 
vida y de segunda naturaleza, imprimiéndole un des- 
tino al imprimirle un carácter. Nada más trascendental 
que ese primer estremecimiento en su corazón, ante 
una de esas Esfinges que se llama Mujer, la cual es 
dueña un minuto de su posteridad, y puede con una sola 
palabra decretar su muerte. 

¡ Quién pudiera ver el alma !' ¡ Quién pudiera odiar la 
Belleza ! Y huir a tiempo dando gritos ! . . . 






CT xtravío : 

^ — Ayer salió sin corbata 

— Hoy se olvidó el bastón . . 
Ha perdido la memoria. 

— ¡ No ! 

— ¿Pues? 

— ¡ Perdió el corazón ! . . . 



# # 



"PALOS Ii; 

CT 1 Amor y la Muerte. 

•— ' He aquí las dos ñnicas cosas graves, impenetra- 
s, decisivas, inevitables, de una ciega fatalidad, qne 

hieren desde arriba como el rayo, haciendo una p 
funda interjección de sombra y Luz! 
Lívida, inmóvil, helada la una. 
Púrpura, vertiginosa, ardiente, la otra. 
La Muerte es el polo de la Vida hacia lo Inaccesible. 
El Amor es la erupción de las almas hacia Dios. 
No os enlutéis por la una. No os asombréis por el oti 
¡Comprended! Y eso hasta para vuestra felicidad. 



* 
* * 



ETatigados viajeros de la Vida. A la vera del áspero 
* sendero la piedra dé Jacob aguarda... [Jngidla con 

el óleo del amor divino. Dormid el sueño milagroso que 

asciende, y baja de la tierra al cielo y del cielo al eo 
razón ! Amar es subir a Dios por la escala de Los É I 






Hay una única religión universal: el Amor. Una sola 
plegaria: los suspiros. Un solo dogma: la Belleza. 
Un solo ídolo: la Mujer, i'n sol.» confesionario: el Oído. 
Un solo purgatorio: la Ausencia. Una Bola comunión: 

el Beso ! 






Íl8 EDICIONES SELECTAS AMERICA 

ET 1 Genio es mi rayo divino para Descartes; para 
*^ Buffon es una gran ])aeiencia, para Lombroso es 
una enfermedad, para Lamartine un gran dolor, para 
otros es casi la locura o la simple oportunidad la sínte- 
sis fisiológica de una raza, o bien una facultad autóno- 
ma del cerebro. 

A nuestro juicio, Musset es el que más se acerca a 
la verdad, por haber amado mucho: "El genio no es 
sino un deseo de amor" — canta arrobado el gran 
niño que sufrió más que un hombre. Nosotros diríamos : 
el genio es una herida sorda del corazón, inflamado de 
Dios, que se abre en rayos de luz, o lo que es lo mismo, 
un ideal doloroso de amar infinitamente, dando la vida. 
Son pocos los genios, porque a muy pocos les ha sido 
dado amar, en potencia y en realidad, con lacerante 
dolor de alumbramiento, y de una sola vez. todas las 
cosas en una sola, llámese: Mujer, Belleza o Alma!! 



CT 1 So] y el espacio so expresan por una sencilla gota 
*— ' de agua, la Noche se hace presente por un punto 
blanco, el Océano habla en voz baja por su caracol, y 
Dios se da a conocer por un latido. Todo estriba en saber 
escucharte, ¡oh, corazón! Profeta modesto de lo Des- 
conocido, harmonium misterioso y vago del Templo 
azul de la Inmorta I idad. cuya tecla más divina la pulsa 
«-1 Amor cu La hora inefable en (pie los asi ros se detie- 
nen y los ángeles se arrodillan. 



OPA II'J 

/génesis: Erase todo tiniebla. — Y he aquí que el 
^ primer día Dios creó ''1 Amor!... 
... V descansó !<>s seis restante 






k 1 ada más profundamente serio que el Evangelio de 
* ' hipérboles de los enamorados, que Las promesas 
que se mienten y los juramentos que se olvidan, que 
su Lenguaje atómico de diminutivos entre suspirados y 
musitaciones dulcemente absurdas que ellos s<,i<> y los 
ángeles comprendes — jerigonza entre pueril y salví 
de vocales que estira »'l mimo en tersas "monchalam 
y claves rotas a besos <» inconclusas en desmayantes y 

¡edoras arpegiacionest I-"- secretos más evidenl 
Loa pecados más virtuosos, Las ridiculeces más sublimes, 
las tonterías más trascendentales, los contrasentidos más 
filos* . todo eso que constituye su Literatura .1 
seria, constituye, no obstante, un momento de la Ver 
dad inaccesible y la Razón suprema, que la conciencia 
del Amo]-, resonante y obscura como la de un templo 
alcanza por la Revelación al acercarse a la Divinidad, 
allende la vida humana un punto sutil más afuera 
círculo de Los sentidos y de la Naturaleza. 

En nombre del misterio más profundo, y con la razón 
elevada, puede afirmarse que -«'!<• Los niños, l«»s 
is y los enamorados, dicen la verdad! Bien que ■ 
verdad pertenezca al orden desconocido, que l<>^ cuer- 
dos jamás podrán penel par . . . 



• # 



I JO EDICIONES SELECTAS AMERICA 



D 



idiosos los ciegos de tanto amar! 

A través de su venda el amor ve lo invisible. 
Dichosos los que sufren sed de 'ilusiones ! 

— En la gota de agua que ellos devoran se refleja el 
cielo estrellado. 

Dichosos los que padecen hambre de amar! 

— Ellos comulgan en sueños el pan de Vida en que 
palpita Dios. 

Dichosos los que de noche no duermen arrebatados 
por divina fiebre ! 

— Su corazón en pleno día duerme el sueño de los 
ángeles. 

Dichosos los que mueren de amor en el crucifijo de 
los brazos ! 

— La eternidad ríe en sus almas,' ebrias de resurrec- 
ción. 

£le llega a Dios de dos maneras: por el Dolor y por 
^ el Amor. Se penetra en la región astral de la 
Dicha por dos puertas: por la del corazón y por la del 
sepulcro. 

Por la virtud so nos dice: Entrad en la muerte para 
ontrar en el Paraíso. 

Por el se nos concede : Entrar en el Paraíso antes 
que en la tumba. 

El amor es más generoso que Dios ! 



* 



0P.\ I -' I 

Hombre cronómetro. Inspira respeto y simpatía. Ríe 
con mesura. Procede correctamente; Es metódico 

y moral. Come siempre lo mismo. Se divierte a su tiem- 
po. Dnerme las mismas horas. Vis1 eramente. Sin 
una mancha. Es geométrico hasta en bu peinad»». X<> 
debe un céntimo. Será un esposo modelo, como es buen 
hijo. 

jEn qué se ocupa 1 j Tiene algún emplí 

— ■ Economiza. 

¡ Filósofo del mundo ! 



* 
* * 



ETse estudiante es muy excéntrico, inspira risa y cu- 
*— ' riosidad. Cruza Las calles como un bólido. A ví 

come, a veces ayuna. Duerme mucho o nada, en OCasio- 
nes a la intemperie. ¡Miradle ¡n quién ríe.' 

• — Con los íin'it'lcs. como l<»s niños... 

¿Con quién habla? — Consigo mismo y con 
trellas. Ríe de nada, habla COn nadir, se lamenta 

nada también. 

¿Cuál es su paradero 1 Una encrucijada, debajo de un 
balcón, junto a! poste de corr< 

Vedle haciendo puntos en el aire, moviendo los dedos, 
manipulando extrañamente. (Para quién escribe, donde 
escribe 1 Telegrafista por on sistema «le tfarconi que 

SÓlo BU amada descifra ! . . . 

Mié tal viste : ; < !ómo Be peini 
— Se cubre más bien que se viste, El bo] suele ser 



123 EDICIONES SELECTAS AMERICA 

su rapa: la luna su lámpara de estudiante. No tiene 
para elegancias. Es casi pobre de solemnidad. 

El sastre no admite estrellas, <por zequíes, que son 
sus únicas monedas. . . 

— Le es imposible peinarse. Su cabello es una selva 
virgen, una tempestad de bucles revolucionarios. En 
dónde estudia desde luego ? . . . — En un banco de la 
plaza o junto al poste, o bien sueña que estudia, o es- 
tudia y sueña a la vez ? . . . 

Vaya un buen partido ! 

( En que se ocupa? ¿Tiene algún empleo? 

— Ama. 

Loco del Paraíso ! 






Efemérides del amor: Natividad de la luz. Estética 
del Universo Florescencia de la música. Sonrisa 
del arco iris. Coronación de la Aurora. Debut de la 
Primavera. Victoria de la Poesía. Maravilla del Beso. 
Atracción de los astros ! 



LECTURAS Y OPINIONES 



Santos l'cga o Los mellizos de la flor por Hilad subi. 

Rasgos dramáticos de la vida del gaucho en las campañas y pra- 
deras de la República Argentina (17: lición de La 
Cultura Argentina, Buenos Aires 101 

Precedido por varios juicios e informaciones criticas, la re- 
comendable biblioteca que dirije el doctor Ingenieros ha r 
tado en un volumen de 331 páginas, formato mayor, esta 
clásica de la literatura regional argentina pertenecienl 
gauchesco. 

Ya en 1915, la misma Biblioteca nos ofreció cinco fraj 
de este extenso poema, junto al Martin Fierro <\r rlernánd 
al Fausto de Estanisla n un volumen de formato 

menor, precedido por una interesante introducción 
Octavio Ihinge. 

Expresiones acerbas. Versos lentos por don Jonás 
. Edición del autor. Buenos Aires, 1010. 

Entre la reelectura de La Urna de Enrique Banchs y /.(/ 
Arcadia de Teófilo de Sais, hemos leído, no sin fatiga los malos 
versos de este libro de don Joná 

Las poesías de Banchs y Taborga, tienen, talvez, la culpa de 
que los "versos Untos" como don Jonás llama a IUS 
rbas" nos hayan parecido doblemente mal< 

\ Eui r de >inccros, confesamos que a pesar de nuestra bu 
voluntad para estimular las producciones Inic 



noveles y del trabajo que nos tomamos para leer todo el libro, 
no encontramos, una sola página, un sólo verso que dijera algo 
que nos produjera, siquiera, un poquito de emoción. 



Las beldades de mi tiempo, por Santiago Calzadilla. Precedido 
por una carta-prólogo de Adolfo Saldías. Edición de la Cul- 
tura Argentina. Buenos Aires, 1919. 

Este nuevo libro que acaba de editar La Cultura Argentina 
no tiene sino un valor informativo ya que es imposible decir 
histórico por más que sus páginas se refieran a una época pa- 
sada ya un poco distante. El libro trae al final varios juicios 
críticos que se le hi cieron cuando apareció por primera vez. 

Atenea. — Con el número 7 que acabamos de recibir, esta sim- 
pática publicación bimestral que dirije don Rafael Alberto Arrie- 
ta, comienza el año 1919. Como siempre trae un selecto sumario 
con producciones inéditas en prosa y verso. Motivos. Lecturas 
y Opiniones y A r otas, secciones permanentes, completan el vo- 
lumen que está elegantemente presentado. 

Xosotros. — El volumen correspondiente al mes de febrero 
de esta importante revista trae un substancioso sumario, cuya 
reproducción, es a nuestro juicio, el mejor elogio que poüemos 
hacer de la revista. Saúl Taborda : La Sociedad de las Naciones ; 
Luis Fernández Ardaoín : Poesías; Vicente A. Salaverri : La 
poetisa Ibarbourou; Marcos M. Blanco: Rivadavia; Florencio 
Mosquera: Notas sobre la Revolución Social; C. Villalobos 
Domínguez : No confiar en los ancianos; Eduardo Talero: ¡Oh, 
poetas! (versos); Tchitcherín : Un importante documen- 
to histórico: Nota del gobierno de los soviets a Wilson; Ernesto 
J. J. Bott : Los efectos de las guerras; María Isabel Angei : Tres 
veces huérfana (cuento); José Martínez Jerez: Poemas; Al- 
fredo A. Bianchi : Martín Coronado ; Nicolás Coronado y Ro- 
berto F. Giusti: Letras argentinas; Arturo de la Mota: Ciencias 
políticas y sociales; Gastón O. Talaraón : El año musical de 
1918; "Nosotros": Notas y comentarios. 



J'ida Nuestra. — El número 8,- correspondiente al año II 

lujosa publicación mensual israelita, trae la continuación 
de las respuestas a la encuesta que abriera en el número anterior 
con motivo de los trágicos y lamentables de Em 

intelectuales argentinos más d< -tacados condenan unánimemente 
los injustos atropellos llev¡ >ntra ios judíos y manifii 

sus simpatías pgr la colectividad israelita que reside en la Ar- 
gentina. Muy oportunas apreciaciones hacen en sus n - 
— apartándose de la ingenuidad de las preguntas: I 
Lugone-, Alfredo L. Palacios, J< 

Federico A. Gutiérrez, Ernesto Xelson, Roberto (iiu-ti. Rodolfo 
Rivarola, T. P. Calou, Héctor Pedro Blomberg, AJfi 
nchi, Edmundo Guibourg, Arturo Capdevila y otr 

Publicaciones del Colegio Novecentista. — Nutrido material 
de lectura en su mayor parte referente a la reciente 
universitaria, trae el cuaderno número 7 

.Jo Novecentista. Merece señalarse especialmeni :ción 

Bibliografía, por la atención, poco común entre n que 

presta a libros y r 

Pegaso. — Revista mensual de Montevideo. El número 
rrespondiente al mes de febrero del año en curso trac- interesan- 
colaboraciones y fragmentos de obra- inéditas debida 

Juana Ibarbourou, Horaci Vicente \ S laverri, Aida 

Moreno Lagos, Fernando de los Ríos, Adolfo Lanú 
Como siempre incluye notas bibliográfi - del n 

ABC. — De Loma- de Zamora. n<>- llega esta revista semanal. 
El número que tenemos a la vista revela las buena- intenci 

y propó-ito- <b que está animada .1 B 

('na rula por Mariano Antonio I'arriiieclua. I. a TíO\ 
día. Buenos Aire-, ioio 

Después de un voluminoso libro acerca de la Historia 
de la música el señor I' a hea nos brinda una novel 

ni mejor ni peor que la mayoría de 1., publii los 



días en Buenos Aires. 

El autor de Una rida es evidentemente mejor crítico, que li- 
terato. 



Israel (Mundo Hebraico Argentino). — Año III, núm. 37. 
Recibimos el número extraordinario de esta ■revista israelita. 
Por los anuncios que precedieron a la publicación de este nú- 
mero especial, con que la revista comienza su vida de semana- 
rio, a fuer de sinceros, debemos decir que esperábamos una 
obra superior, que evidentemente fuera el exponente del grado 
cultural de la colectividad israelita en la Argentina. 

El número especial de Israel revela un gran esfuerzo que 
nos apresuramos a reconocer ; pero también señala muy poco 
acierto en la distribución de las ilustraciones, en la aceptación 
de algunas colaboraciones y en la corrección de todas. 

Nosotros que amamos la belleza sobre todas las cosas, cree- 
mos que las ideas mal vestidas, pierden en valor. El arte debe 
siempre tenerse en cuenta y es necesario que las cosas se hagan 
con alma. 

El aspecto plebeyo de un número destinado a ser el expo- 
nente de una colectividad invocada, no sabemos porque en ge- 
neral, ya que los mejores escritores israelitas-argentinos están 
ausentes en el ejemplar especial de Israel, no puede merecer 
perdón si al error señalado se unen numerosas colaboraciones 
igualmente plebeyas y sin mérito y muchas pésimamente co- 
rregidas. Israel debe mejorarse en la presentación y en el con- 
tenido. Nos interesa la copa y el vino de la copa. 

, En la copa de oro, vino de rubí! 



La Montaña. — Alta Córdoba. Con mucha regularidad recibi- 
mos este pequeño semanario — pequeño en formato y grande en 
(Hic se publica en la ciudad de Córdoba. 
Sus entusiastas páginas revelan el espíritu joven de los bra- 
■ lio-, cordobeses, a quienes tuvimos oportunidad de 
cono 1 y no hace mucho tiempo en Buenos Ain 



/:/ Faro. — Recibim últimos reflejos de esta anti( 

revista que dirije el escritor don Antonio Cursa Como la 
mayoría de los número, hasta ahora aparecidos, traen i 

material interesante y ameno. 

Lu Semana. — De Mendoza nos ll< - mañano ilustra- 
do que revela un loable esfuerzo en favor de la- letra», sobre 
todo si se tiene en cuenta que pocas son las revistas del interior, 

que se ocupan con preferencia de CU ias. 



OTRAS PUBLICACU INÉS 

Vida Ilustrada. — Buenos Aires. Volumen I. núm. s 
Nuevo Fígaro. — Buenos Aire<. Nums. 8o > 
Labot* — Tucumán. Año I, núm. 3. 
/:/ Democrático. — Periódico de Wilde. 
Editorial Tor. — 1 go ilustrado, marzo [9] 

El Pía. — Diario de La Plata. 

Fígaro. Periódico de Buenos Aires. Año I. núfhs -' > 3, 
ion. — Buenos Vires. Año I, núms. 10 y 11. 



fe de: eirratas 



Debido a un involuntario lapsus de! original de este cuaderno. 
aparece en la pág. íoó, renglón 15. un error (pie nos apresura- 
mos a corregir. En lugar di' Platón debe leer* 1» pues 
es de este último la cita que hace Herrera j l 

Otra: En la pág. 105. renglón 13, donde dice hecho 1- 
/<y/'. 



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Director: SAMUEL 6LUSBER6 



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Florilegio, 
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